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Con la relajación de las medidas por la COVID-19, tras la eliminación del toque de queda y las restricciones en el número de personas por grupo, se está produciendo un repunte de actividades de consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública. La juventud ha vuelto a las calles con ganas de socializar, ocupando las plazas y parques durante toda la noche. Estas escenas las estamos viendo en gran parte de las poblaciones de Euskadi, con diferentes resultados.

En Euskadi no existe una norma que impida el consumo de alcohol en las calles. Desde el decreto de Lehendakaritza del 1 de septiembre, tampoco hay prohibición alguna para las reuniones en la vía pública en grandes grupos. Por esa razón, desde el gobierno municipal nos hemos visto en la obligación de tomar una medida drástica como es la de cerrar la Plaza de Santa Ana y el Pórtico de Santa María de jueves a sábado por la noche. Con esta decisión hemos eliminado un punto negro de seguridad ciudadana, ya que las aglomeraciones en dicha área ponían en peligro la seguridad de las personas asistentes, además de la de vecinas y vecinos, ante una situación de emergencia y de evacuación de vehículos de asistencia.

Desde Herriaren Eskubidea somos plenamente conscientes de que esta solución es temporal y a corto plazo. La cuestión del ocio nocturno genera, desde hace muchos años, efectos indeseables como suciedad, trastornos en el descanso de vecinos y vecinas y agresiones al medio ambiente y al mobiliario urbano. Sin embargo, ha sido a raíz de la pandemia cuando han saltado las alarmas debido al riesgo de contagios por COVID-19 y sus consecuencias en la salud general. Por tanto, la pandemia ha puesto encima de la mesa un problema que ya existía: la necesidad de buscar alternativas de ocio juvenil. Los mismos partidos que ahora critican la medida del Gobierno Municipal de Durango han hecho muy poco por revertir esta situación desde las instituciones forales y autonómicas, en las que llevan décadas gobernando.

En Herriaren Eskubidea hace ya casi dos años que solicitamos a la Mancomunidad de Durango el refuerzo de los servicios de prevención de drogodependencias. Este servicio, que tenemos delegado en el ente mancomunado, debe ofrecernos mejoras importantes para formar a la juventud: con programas escolares de curso completo para jóvenes en edades de iniciación en el consumo, con educadoras y educadores de calle que sean capaces de transmitir mensajes claros y concisos sobre consumos, civismo o respeto por el medio ambiente, etc. Seguiremos insistiendo en que el hábito se cambia desde la educación. Administraciones públicas, familias, educadores y educadoras, clubs deportivos o culturales, entre otros, tenemos que trabajar conjuntamente para transmitir los valores adecuados y dar alternativas al ocio de la juventud. Entre todos y todas podemos definir y decidir el futuro que queremos.